En el año 2005, Scott Derrickson soprendió al mundo con una increíble adaptación de un caso real sobre una posesión demoniaca. La película contaba la historia de una joven estadounidense de 19 años que fallecía a causa de una terrible posesión demoniaca.

Bueno, en esta ocasión te contaremos la historia real que inspiró a Derrickson para poder crear su macabro film

Fue en la década de los años setenta, en Leiblfing, Alemania, cuando Anneliese Michel, una jovencita de 16 años, de familia devota a la iglesia católica, comenzó a tener convulsiones espontáneas, por lo que se le diagnóstico epilepsia, cosa que de momento no parecía nada fuera de lo normal.

Lo que no sabía, era que el infierno apenas comenzaba, pues serían más de siete años de interminable sufrimiento.

Un par de años después de su primera convulsión, Anneliese fue diagnosticada con un grave cuadro de depresión, lo que empeoró aún más la situación.

No fue sino hasta la edad de 20 años, cuando la joven comenzó a escuchar voces en su cabeza, voces que le decían cosas que ninguna persona debería oír, voces tan desesperantes que la hacían enloquecer. Al mismo tiempo, comenzó a tener un rechazo casi fóbico hacía objetos y figuras religiosas.

Fue ahí cuando sus padres y sus tres hermanas supieron que tenía algo maligno dentro de ella.

Comenzaron a hacer caso omiso a las recomendaciones médicas y buscaron ayuda en la iglesia, cosa que no funcionó, pues al principio, incluso los clérigos sostenían que la joven mujer alemana necesitaba ayuda clínica y no eclesiástica.

Fue gracias a su insistencia que dos sacerdotes dieron el paso. Así comenzaron más de 67 sesiones de exorcismos a lo largo de un año.

En cada sesión, Anneliese era encadenada debido su violentas reacciones, de igual forma se le impedía comer o beber alimentos.

Los testimonios, tanto de sus padres como de los sacerdotes, describían escalofriantes escenas de cada sesión, y cómo con cada una de ellas, el espíritu, alegría, y aspecto de Ann, se iban desvaneciendo de su cuerpo.

A lo largo del año, los sacerdotes no identificaron a uno, sino a varios demonios dentro de Ann, entre ellos Hitler, Judas Iscariote, Caín y al mismísimo Lucifer.

Fue a la edad de 23 años y pesando 30 kilos, que la joven alemana no resistió más y falleció. Ya ni siquiera se parecía a la joven que alguna vez fue, ligamentos rotos, neumonía y desnutrición marcaron el fin de su vida.

Fue así como la vida de Ann, acabó, dentro del umbral de lo doloroso y demoniaco, dentro del dolor físico y moral, dentro de una familia carcomida por la tristeza y el miedo.

Tiempo después, sus padres y ambos sacerdotes fueron declarados culpables de homicidio por negligencia, sin embargo no recibieron sentencias pues el juez dictaminó que ya habían sufrido lo suficiente.

Fuente: Infobae

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